El juicio de Jesucristo como un mero acto político

Ilustración: Cristo ante Caifás, por Giotto. 1505-06. Fresco de la Capilla de los Scrovegni, Padua. “Giotto tradujo el arte de la pintura del griego al latín”. -Cennino Cennini (1400).

Giotto di Bondone fue un escultor, pintor, muralista y arquitecto de la Baja Edad Media (1267-1337). No se saben con precisión numerosos datos de su vida, sólo se sabe que fue uno de los precursores del Renacimiento, siendo así, uno de los personajes que influyeron en las creaciones de artistas como Masaccio y Miguel Ángel.

Su maestro fue el pintor italiano Cimabue considerado iniciador de la escuela florentina del Trecento. El alumno superó las enseñanzas de su maestro y dio inicio al espacio tridimensional en la pintura europea, dotando de volumen y peso a cada una de sus obras, representando el caos y la confusión en la que se encuentra el ser humano al tomar enigmáticas decisiones de carácter espiritual. Con esto, consigue dejar atrás el estilo plano y la rigidez en las figuras, propias del arte bizantino de ese entonces.[1]

Esto, lo podemos ver plasmado en una de sus obras titulada “Cristo ante Caifás”, que se puede apreciar al inicio de este análisis. Donde Giotto se dirige directamente al núcleo de la historia, dándole profundidad a la imagen retratada, principalmente, por los casetones del techo y las ventanas en el muro de fondo, donde se tiene que hacer énfasis en la que permanece entreabierta en la pared izquierda. A esto, contribuyen los colores vivos y el trono de Caifás, en el que se encuentra encolerizado el sumo sacerdote judío, rasgando sus vestiduras y descubriéndose el pecho, a pesar de la inmutabilidad y serenidad en el rostro de Jesucristo que apenas muestra señal de haber recibido bofetada del guardia del templo, haciendo caso omiso al estado de furor expresado por el tumulto. De igual modo, Giotto resalta la sencillez en el ropaje del redentor a comparación del de Caifás, su acompañante y los soldados.[2]

Para entender el desarrollo narrativo, debemos situarnos en el contexto histórico de la escena que nos quiso transmitir Giotto di Bondone. Nos encontramos en el que muchos autores llaman “el juicio o proceso de Jesucristo”. Al analizar la legislación judía y romana de esa época, se puede concluir que como bien decía Aldo Schiavone en su libro Pontius Pilate (2017)[3], no fue un juicio en ningún aspecto, ni para los judíos, ni para los romanos y menos si entendemos juicio en el sentido moderno de la palabra, fue simplemente un mero acto político en donde principalmente, predominaron los intereses del pueblo judío.

“Roman law is Schiavone’s specialty, so he is able to demonstrate that the procedure that led to Jesus’ execution could in no sense be described as a trial. The interrogation, the presentation of witnesses, and the final judgment conform to no legal framework we know of, Roman or Judaic. This means that Pilate’s decision was a political act, which is to say that it could have gone either way”.[4]

En pocas palabras, desde mi perspectiva, no fue verdaderamente un juicio porque no se llevó conforme a Derecho, ya que, no se respetaron las leyes judías, ni las romanas. Por consiguiente, procederé a demostrarlo señalando las irregularidades más importantes en el supuesto juicio. Para esto, me basé primordialmente en el libro de “La asamblea que condenó a Jesucristo”[5] de Augustin y Joseph Lémann, aprobado por el Papa Pío IX.

El primer interrogatorio tuvo lugar el 14 de marzo por la noche. Los gendarmes arrestan a Jesucristo para llevarlo ante el sanedrín, representado por Caifás. Con esto, se da inicio a las irregularidades, ya que, se prohibía tratar un asunto de pena capital durante la noche, según la Mischná. Posteriormente, Caifás comienza el interrogatorio, en el que el acusador se convierte en juez, totalmente contrario a la ley hebraica.

Al no encontrar testigos en su contra, el sanedrín tuvo que incitar a algunos mediante el soborno. Dando lugar a los falsos testigos que debían padecer la pena del calumniado, según el Talmud. Mateo relata lo siguiente: “y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se llegaban; más á la postre vinieron dos testigos falsos. Que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo” (Mateo 26, 60-64).

En el último interrogatorio, Caifás le pregunta a Jesús si él es el mesías, el hijo del Bendito. Pregunta engañosa porque si Jesucristo lo negaba, sería condenado por impostor y si afirmaba, sería condenado por blasfemo. Jesús le contesta: “Yo soy; y veréis al HIJO DEL HOMBRE SENTADO A LA DIESTRA DEL PODER Y VINIENDO CON LAS NUBES DEL CIELO” (Me. 14, 61-62).

A continuación, Mateo narrará el momento específico que Giotto Di Bondone intentó representar con mucha claridad.

“Entonces el pontífice rasgó sus vestidos, diciendo: Blasfemado ha: ¿qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: Culpado es de muerte. Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de bofetadas; y otros le herían con mojicones” (Mateo 26, 65-67).

Escena en la que se suscitan diversas irregularidades. Hay violación de la Ley de Moisés porque ésta prohíbe que un sacerdote rasgue sus vestiduras ordenadas por Dios. Además, según el Talmud, el acusado no podía ser condenado con base en su propia declaración y el sanedrín debía de tener expresiones de humanidad hacia éste. Puntos que se incumplieron en su totalidad.

Posteriormente, se reunieron por la mañana para llevarlo ante el gobernador romano Poncio Pilatos para que éste, ratificara y ejecutara la sentencia. Esto, antes de realizar el sacrificio matutino que era justo al amanecer. Según el Talmud, el sanedrín se podía reunir una hora después de esto. Al igual, según la Mischná, están prohibidas las sesiones en día de fiesta y ya se ubicaban en la Pascua.

En su libro, Aldo Schiavone relata que el que Jesucristo haya contravenido las leyes judías en cuestiones religiosas, no bastaría para convencer a los romanos para que le aplicaran la pena de muerte.

Hay que recordar que en cuestiones de pena de muerte, sólo podía resolver Poncio Pilatos conforme a la legislación romana, ya que, constituían una provincia de Roma. Los judíos sólo podían resolver asuntos relacionados con temas religiosos. Por lo que el hecho de que Jesucristo haya contravenido las leyes judías en materia religiosa, no sería suficiente para convencer a los romanos de aplicar la pena de muerte.

Por eso mismo, el sanedrín argumentó que Jesucristo intentaba convencer al pueblo para que no pagaran impuestos al emperador y que se hacía llamar Rey de los Judíos en una provincia romana. Con lo cual, manifiestan que subvierte seria y descaradamente el orden público y se comete un delito que en Roma sería castigado de conformidad con la lex Iulia maiestatis.

Igualmente, los judíos lo acusaron de actuar contra la Ley de Israel, contra el templo de Jerusalén y contra la fe en el Dios único porque se proclamaba hijo de Dios. Cuando realmente Jesucristo no abolió la ley dada por Dios a Moisés, sino que la perfeccionó, dándole su interpretación definitiva. Tampoco fue hostil hacia el templo, hasta lo veneró como la “casa de su padre” (Jn 2, 16). Predijo su destrucción, refiriéndose al “templo” en analogía con su propia muerte. Todo esto, fue incomprendido por el sanedrín que buscaba que nadie le quitara su poder.[6]

Aldo Schiavone refiere que Poncio Pilatos no encontraba culpable a Jesucristo, pero que por otro lado, el gobernador era el encargado de brindar la paz a las provincias, mantener el orden para que éstas no se revelaran y de verificar que se pagaran los tributos al emperador. Si tenía más problemas con el sanedrín, estos, posiblemente podrían informar al Imperio Romano y Pilatos sería destituido de su cargo por no ejecutar al supuesto rebelde que estaba faltando al orden público, posiblemente acusándolo de conspirar contra Roma o simplemente por no llevar a cabo sus funciones correctamente.

Con ello, podemos concluir que las acusaciones que se le hicieron a Jesucristo fueron infundadas y que el procedimiento tampoco se llevó conforme a Derecho, habiendo ya señalado sus principales irregularidades. Fue un mero acto político donde la decisión de sentenciar a Jesucristo a morir en la cruz, tuvo que ver con intereses de carácter político, más que jurídico.

En este contexto, se situó la increíble obra de arte “Cristo ante Caifás” de Giotto di Bondone, siempre recordado como uno de los grandes.

Lesly Fernanda Valencia González

  1. Giotto. (2017). Recuperado 29 de marzo de 2020, de Artehistoria website: https://www.artehistoria.com/es/personaje/giotto-di-bondone-giotto
  2. Presentación ante Caifás. (2017). Recuperado 29 de marzo de 2020, de Artehistoria website: https://www.artehistoria.com/es/obra/presentación-ante-caifás
  3. Schiavone, A. (2017). Pontius Pilate. Nueva York: Liveright Publishing Corporation.
  4. Pilate Error. (2017). Recuperado 29 de marzo de 2020, de Washington Examiner website: https://www.washingtonexaminer.com/weekly-standard/pilate-error
  5. Lémann, A. y Lémann, J. (2004). La asamblea que condenó a Jesucristo. España. RIALP, S.A.
  6. Oficina de información del Opus Dei en España (2005). Catecismo de la iglesia católica. España. Libreria Editrice Vaticana.

Share this post

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *